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Un cruce con amigos

 

Nuestro barco nos permite disfrutar de indescriptibles sensaciones y experiencias que  relatamos a nuestros amigos.

Cuando describimos una travesía, intentamos que nuestros interlocutores comprendan el placer que sentimos al contemplar el amanecer o la puesta del sol  navegando.   También describimos, exagerando un poco,  aquel “temporal” que sufrimos cierto día y supimos manejar y ni que hablar de lo  rica que estaba aquella ensalada en cubierta, fondeados en aquellas aguas idílicas y solitarias.

Nuestra descripción es genuina, emotiva y convincente tanto que,  en algún momento nuestros amigos dirán: “Me encantaría hacer uno de esos viajes..”

Sin pensar y de forma espontánea sugerimos:  - Podríamos hacer un cruce . Qué les parece?

Segundos después nos  invade la duda: La pasaremos bien?  Podremos convivir todos en el barco? Serán nuestros amigos capaces de sentir estas mismas sensaciones  o van a hacernos  la vida imposible?

La experiencia puede ser excelente y digna de recordar por siempre o puede convertirse en un verdadero desastre que mal manejado dejará sus heridas.

Por ello, para navegar con amigos y no naufragar en el  intento conviene repasar alguna cuestiones

Hermano mio como te quiero,  En tierra...

Hay gente para todo y no todos están hechos para la convivencia  náutica. Gente con la tenemos una excelente relación en tierra puede convertirse en una pesadilla navegando.

Elegir  buenos compañeros de aventura  es todo un  desafío, y quizás uno de los más importantes.

No debemos engañarnos confundiendo  nuestros deseos de compartir la navegación  con las posibilidades reales de que nuestros amigos la pasen bien. Si los  conocemos y somos sinceros podremos intuir  con quiénes podremos hacer grandes travesías y con quiénes no.

Y no se trata sólo de saber navegar. Es más importante encontrar gente organizada y de buen carácter que  a otros que sepan mucho de vela pero que resulten complicados.

Se trata ante todo de cuidar la amistad y de no exponerla porque no sería la primera vez  que  varios amigos de toda la vida dejen de serlo tras una densa experiencia en el apretujado espacio de un barco.

Pero no todo dependerá de ellos. Mucho de lo que pase abordo tendrá que ver con nuestras propias conductas y en gran medida, la forma en la que interactuemos con los demás hará que la experiencia resulte celestial o infernal

Un buen capitán es también un buen anfitrión

En navegación es fundamental que haya un patrón o capitán. Podemos ser nosotros mismos cómo propietarios del barco o delegarlo en alguien del grupo que  tenga más experiencia en temas náuticos.   

Pero sólo habrá un capitán en el que todos confíen y de  sus  decisiones dependerá  la seguridad del barco.

Durante la travesía, quien esté al mando debe entender  que lo importante es pasarla bien y no debe creer que ser capitán lo habilita a  gritar y  maltratar.

Si bien sus  órdenes y opiniones prevalecerán sobre las demás, sobre todo en momentos de peligro, no debe creerse un “dios”. Es decir, por mucho que sepa , por mucha que sea su experiencia, debe saber escuchar y considerar las opiniones del resto.  

Si no se deja opinar a nadie  o si las ideas de los demás  son dejadas de lado sin consideración, la colaboración de la tripulación se verá absolutamente anulada y esto creará un  malestar creciente y absurdo.

El capitán debe ser un buen lider y  tomar a  la tripulación como un verdadero equipo . No importa si solo se trata de un grupo de amigos,  juntos forman una  tripulación que deberán afrontan situaciones de adrenalina, vértigo, exposición y a veces peligro, y deben trabajar en equipo para sortearlas con holgura.

 

Liderar a bordo implicará también saber reconocer las habilidades de cada uno y en base a eso determinar  las condiciones de navegación acordes al grupo y la situación para que todos lo pasen lo mejor posible.

Y Cómo es el de mayor experiencia deberá enseñar pero sin regañar o echar culpas. Es cierto que carga con la responsabilidad y tendrá que evitar las equivocaciones pero, el tripulante corregido  nunca debe tener la sensación de que es un inútil. Esto provoca agresividad y anula  cualquier intención de colaborar.

Un buen capitán es también un buen anfitrión y debe preguntarle a la tripulación si la está pasando bien y  escucharla.

Esto muchas veces puede implicar  achicar vela antes de lo normal, no exagerar el ángulo de escora y saber esperar en puerto ante un parte de mal tiempo.

Y por sobre todo, tiene que dar órdenes claras y estar tranquilo. Tiene que inspirar seguridad y saber que la maniobra no sale mejor gritando.

Será de vital importancia evitar entrar en una batalla de egos cuando en la tripulación está compuesta por más navegantes. Cuando los roles se confunden o se sobreactúan, surgen los conflictos y se  corre el riesgo de entrar en disputa por nimiedades.

Así como también evitará cometer  errores en la planificación por pensar  en su conveniencia y no en la del conjunto

El  caso típico es el del capitán que decide emprender el regreso a la medianoche porque tiene una reunión de trabajo y eso implica enfrentarse a una tormenta a mitad de camino.

Y por último, si usted es tripulante antes de embarcar fíjese muy bien quién será el capitán y cuáles son sus actitudes porque después no hay arrepentimiento posible. En el barco no hay vuelta atrás ni posibilidad de bajarse hasta llegar a puerto.

Saber manejar el conflicto 

Para lograr una armoniosa convivencia  entre varias personas, en un espacio muy reducido, durante varios días, serán fundamentales el respeto, la tolerancia, una  buena dosis  de alegría y el buen humor .

En este contexto, es normal que  surjan algunos roces y  habrá que estar muy atentos  para cortar de raíz las desavenencias desde su aparición.

Esto implica, evitar al máximo las discusiones. Si el tema que se discute no afecta a la seguridad de la navegación en general, dejarlo para tierra.

 Y, si se inicia una discusión, sea por el motivo que sea el patrón u otro miembro de la tripulación deben intervenir, sin tomar partido, para evitar que continúe.

Los nervios y el cansancio pueden jugarnos malas pasadas y podemos  dar importancia excesiva a algo que, realmente, no lo tiene.

Conviviendo durante días en un barco, los sentimientos tienden a magnificarse.   Por ello se dice que : “si quieres conocer a alguien embárcate un par de días y si hay mal tiempo, pues tanto mejor”.

En algunos casos, el deterioro comienza porque unos quieren navegar más rápidos y otros prefieren llevar un ruta más tranquila. Unos quieren escuchar música a todo volumen mientras otros prefieren leer en paz y en silencio.

El mal ambiente va  dando paso a fuertes tensiones que escalan con rapidez. Las diferencias de gustos y opiniones pueden pasar de ser de ligeras incompatibilidades, a crear grupos separados imposibles de reconciliar.

Para evitar esto, no seamos reactivos en las contestaciones. Si algo del otro nos molesta, procuremos decirlo  cuando la tensión haya pasado y si puede ser con humor mucho mejor.

La comunicación y la empatia son aspectos claves para evitar enfrentamientos. Hay que rehuir el conflicto pero ser abierto con la otra persona. Incluso si es sólo un matiz. Se trata de hacerle ver que algo que dijo o hizo nos molestó. Es bueno tocar el tema, pero en el momento adecuado.

El “carácter fuerte”, no se manifiesta por tener reacciones  descontroladas, que generan enemistades muy duraderas, si no en controlar al “yo indignado”

Y si bien es cierto que existen tripulantes conflictivos, un buen control de nuestras emociones podrá atenuar gran parte de los malestares. Bastará con  recordar que habrá que aguantarlo sólo unos pocos días. En ese caso será bueno recurrir a  toda la paciencia de la que seamos capaces.

La humildad es otro valor que podrá aportar lo suyo. Tengamos en cuenta que un error lo comete cualquiera y el que se equivoca debe saber disculparse.

Practicar la tolerancia y si  por ejemplo en la tripulación hay  algún espécimen roncador asumir que el mundo no es perfecto y ponerse tapones de cera en los oídos. Matarlo está todavía penado por  la ley.

Es fundamental tener una actitud positiva durante todo el viaje. Sólo con tener ganas de agradar al resto y no querer imponer nuestra voluntad siempre y a como dé lugar obtendremos increíbles resultados.

Cuentas claras conservan la amistad

La travesía deberá ser planificada y comunicada con suficiente tiempo.

Si salimos apurados, nerviosos, con cosas que nos faltan o con dudas, el desarrollo del viaje puede verse afectado.

Es importante informar y comunicar claramente al grupo nuestros propósitos ilustrando la ruta, el tiempo de duración y  los costos que se  generarán

Los que nos vayan a acompañar deben saber si se trata de un viaje de regata o de crucero. Si es importante llegar un día específico o si llegar 2 o 3 días después no tiene mayor relevancia.

Los asuntos económicos deben ser dejados muy claros desde el principio para no dar lugar a malos entendidos.

Qué gastos se comparten, cuales son específicos del dueño de la embarcación, quien pagará los gastos de avión para el regreso si hay etapas intermedias, o cómo se contribuye a los gastos de combustible o posibles costos diarios en conceptos de comidas y manutenciones.

Al que se organiza dios lo ayuda

Para lograr orden y armonía abordo conviene organizar la convivencia.

Cada miembro de la tripulación debe tener un cometido específico. Tener responsabilidades ayuda  a sentirse útil.

A la vez, repartidas las tareas, se evita el típico: “aquel no hace nada y yo me cargo con todo”.

También convendrá fijar las normas de “la comunidad”. Habrá que tener en cuenta a todos y si por ejemplo, hay fumadores, convenir que sólo se fumará en cubierta.

Las luces se apagarán si no son necesarias, Se acordará cuándo comer,a qué hora poner música, quién lavará los platos y cómo rotarán estas tareas.

Otro requisito indispensable es el orden y la limpieza, tanto en el interior como en cubierta.  

Ser ordenado y pedir que los demás también lo sean. Hay que comprender que se está en un barco y no en el Hilton. No hay ambiente más deprimente que un barco en el que ha “explotado” el equipaje de todos sus tripulantes.

Si es necesario establecer  turnos de guardias en navegación, formar los equipos procurando que los miembros de más experiencia se mezclen con los que menos sepan. En condiciones normales, turnos de dos personas durante 3 horas serán suficientes.

Déjame solo

Es importante que cada tripulante tenga su espacio vital. Su propio rincón, en la que tener sus cosas personales y  un mínimo de privacidad.

Durante una travesía, La búsqueda de momentos de soledad es un ejercicio deseable que el resto debe saber respetar.

Sin dudas, es más fácil de lograr en un 40 pies que en un 24 pero, existen recursos  válidos en cualquier barco. Siempre es posible separarse unos metros del otro y  retirarse a proa buscando “paisajear” para evitar la compañía.

Finalmente y resumiendo, un feliz cruce con amigos requerirá paciencia, tolerancia, buena intención y sentido común que como se ha dicho hasta el cansancio, es el menor de los sentidos.

 

Lic. Florencia Cattaneo

Campo Embarcaciones

Bróker Náutico

 

Fuentes:

Ilustraciones; Hormiga Negra

Olivier Le Carrer; El crucero costero y de altura

Web revista mundo nautico;  obediencia y rebeldía a bordo

Alejandro Solano, Miguel Solano; Cuaderno de apuntes para grandes travesías en velero; Convivencia

Pag Web Yaquestay.com; Consejos

Pag Web sundaricharter.com; Consejos y sugerencias para tus vacaciones en barco de vela – Normas de conducta

Pag Web Fondear; Navegar con amigos

 
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