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Un puñado de gallinas torpes

 

En abril de de  1717,Camino a Rhode Island,El capitán pirata Bellamy y la tripulación del Whydah apresaron una balandra comandada por el capitán Beer.

Durante el saqueo, la tripulación pirata decidió hundir la nave de Beer y dejar al desventurado capitán abandonado a su suerte en la isla de Block.

Antes de eso, Bellamy pronunció un encendido discurso contra la clase dirigente.

 “Lamento que mis hombres no le dejen continuar con su balandra, porque me disgusta causar daños a nadie cuando no es en mi propio provecho—Esta balandra, tenemos que hundirla, pues podría serle de utilidad.

Aunque en realidad no es usted más que un perrillo soplón, igual que todos aquellos que se someten al gobierno de las leyes dispuestas por los ricos en beneficio de su propia seguridad, porque por otro lado esos cachorros cobardes carecen del coraje necesario para defender por sí solos lo que consiguen mediante sus artimañas —Pero es igual y poco importa—Ellos son una panda de canallas y rastreros y ustedes, los que les sirven, no son más que un puñado de gallinas torpes.

Ellos nos vilipendian, los muy sinvergüenzas, cuando la única diferencia que existe es que ellos roban a los pobres al amparo de la ley, está claro, y en cambio nosotros asaltamos a los ricos amparados tan solo por nuestro propio valor.

 

¿No estaría mejor siendo uno de los nuestros, antes que mendigar un empleo a esos villanos?”

El capitán Beer le respondió que su conciencia no le permitiría quebrantar las leyes de Dios y de los hombres.

 

”Es usted un granuja y apela a la conciencia del diablo” —contestó Bellamy y prosiguió:

 

-“Yo soy un príncipe libre y tengo tanta autoridad para hacer la guerra en todo el mundo como el propietario de un centenar de veleros en el mar y de un ejército de cien mil hombres en tierra. Y esto es lo que me dicta mi conciencia: que no merece la pena discutir con cachorros gemebundos que permiten que sus superiores los traten a puntapiés.”

En esta disputa ¿De qué lado estaría usted?  ¿Marino o Pirata? A favor o en contra de la ley?

 

Antes de dar respuesta, es necesario ubicar el contexto político, social y económico de esta situación.

La edad de oro

La piratería existe desde que el hombre utiliza barcos para transportar a personas y mercancías por mar. No obstante,  el pirata típico y tal como acostrumbramos a verlo fue acuñado en los siglos XVII y XVIII.

 

Entre 1650 y 1730 transcurre la llamada  “Edad de oro de la piratería”. Surgen los piratas del Caribe y miles de almas anónimas articulan una sociedad paralela, clandestina y resistente a la autoridad.

Como todo movimiento humano, el auge de la  piratería se produce por varios factores.

Fuera de la ley pero no tanto...

En franca carrera imperialista, las grandes monarquías europeas extienden sus tentáculos hacia los mares.

La Corona Inglesa y la Francesa otorgaban las famosas “patentes de corso” que permitian a los piratas tomar naves españolas y asaltar sus grandes centros de poder cómo Panama y Portobelo.

 

 

Con las patentes, los piratas obtenian un respaldo semioficial donde la línea que separaba el corso legal del saqueo ilegal era bastante fina.

 

 

 

 

 

 

En tiempos de guerra, el beneficio era mutuo, los piratas podían justificar su comportamiento y  el gobierno podía usarlos para atacar las naves y las riquezas enemigas.  Y por supuesto, todo el botín obtenido sería compartido con el gobierno. De esta forma, la Corona se ahorraba el elevado costo de reclutar y mantener una gran fuerza naval permanente.  

 

 

 

 

Los bucaneros eran, de hecho, trabajadores autónomos que la Corona podía no reconocer como propios.

No se puede vivir del honor...

 

En esos años había pocas posibilidades de empleo para los pobres. La mayoría eran analfabetos. Algunos podían ser aprendices de un oficio pero otros tantos optaban por la delincuencia para comer.

En este contexto,  la marina mercante ofrecía, al menos, la oportunidad de aprender un oficio.

Con ilusión, muchos hombres se enrolaban en busca de una vida de aventuras en el  mar sin  ser demasiado conscientes de los horrores que los esperaban.

La vida de un marinero "normal" era muy dura, peligrosa y difícil. A consecuencia de su trabajo podia quedar mutilado.  En el barco  existía mucha madera con palos y poleas, velas y herrajes que oscilaban de un lado a otro en un mar implacable en el que pasarían meses.

Al final del dia el marino terminaba  cansado, empapado y con frío. No había comodidades que lo aliviasen. Disponía de poco tiempo y espacio para sí. La comida solía estar rancia; la cerveza había perdido el gas y se hallaba sometida a estricto racionamiento.

La paga era escasa y, en ocasiones, no alcanzaba más que para costear el propio pasaje de un puerto a otro.

Además, para impedir que el marino desertara, cuando el barco atracaba en un puerto, pocas veces se le permitía bajar a tierra.

La disciplinaera dura. El capitán era Dios y si era sádico y no estaba contento con determinados miembros de su tripulación, podía hacerlos trabajar hasta morir, o incluso castigar brutalmente por la infracción más ínfima, como un saludo incorrecto.

La esperanza de vida media de un marinero era de 35 años.

Y todo ese denodado esfuerzo sólo para llenar los bolsillos de los propietarios y los accionistas que  cómodamente en sus hogares, apilaban una fortuna que no dejaba de crecer día tras día.

Por supuesto, podían optar por no volver a embarcarse pero si sus conocimientos se habían desarrollado en el  ámbito marino, el atractivo de vivir como pirata estaba a la vista...

Pirata por elección o por obligación

Y fue así cómo muchos marinos eligieron hacerse piratas.

Otros no tuvieron opción. Tras ser apresados en el mar, se veían obligados a aceptar los estatutos piratas o, si no, se enfrentaban a ser abandonados en una isla desierta o padecer una muerte inmediata.

Hubo cautivos que jamás aceptaron su nuevo oficio e intentaron escapar, en la mayoría de los casos sin éxito.

Mientras otros,ingresaron en la piratería como si hubiera sido su profesión de toda la vida, y disfrutaban con ella.

Para muchos de los africanos esclavos, maltratados en los barcos del rey, convertirse en piratas era una oportunidad.

Otra circunstancia peculiar que fomentaba el oficio era el desempleo masivo de los marinos.  En tiempos de paz o cuando el comercio estaba en declive aumentaba significativamente en el número de aventureros piratas.

 

 

Sueños de Libertad

En los barcos piratas, la tripulación disfrutaba de algo imposible en la Armada o la marina mercante: derechos.

Al menos, en la época dorada de la piratería, los hombres elegían mediante votación al capitán y existía la figura del contramaestre, que velaba por el correcto reparto del botín y custodiaba las provisiones y pertrechos comunes.

El capitán podía ser destituido y sus privilegios se reducían a recibir cuota doble del botín y defecar, como todos los demás desde cubierta, sin ser observado.

Conformaron una sociedad cooperativa;  marginados de la sociedad normal, solo podían confiar en este sistema para evitar caer en una  anarquía vulnerable e infructuosa.

Así pues, la razón principal de atenerse a sus propios códigos de conducta no iba más allá del interés personal; a fin de cuentas, aumentaba la probabilidad de hacerse con un rico botín.

Sin patrón, el pirata sabía  cómo vivir “al día”.  Un pirata despilfarraba alegremente la parte que le correspondía de los pequeños botines, bebiendo y jugando sin medida.

Asumía riesgos personales y se burlaba de la sociedad convencional.

Ya no había que preocuparse por la ley. Habían cortado los puentes que los unía a la sociedad.

Sólo cuenta para ellos su condición de hombres libres

En este sentido, el oro pasaba a segundo plano, destrás del deseo de la libertad.

 

 

Una moneda de dos caras...

 

La libertad del pirata sin duda atrae a la parte rebelde que hay en nosotros. Atrae nuestro deseo latente vivir cada día sin medir las consecuencias y sin preocuparnos por el futuro.

No obstante, y aunque este atractivo no es menor, no deberíamos olvidar que en una vida fuera de la ley, no todo es placer.

 

La empresa pirata en su conjuto dependía de recurrir a una fuerza desmedida.

 

Había que estar dispuesto a  saltar a bordo y desplegar una violencia extrema contra cualquier tripulación que no se sometiera de inmediato, hiriendo a sus marinos  y lanzando los cuerpos por la borda.

 

Y todo ello para lograr hacerse con un botín que por lo general no solía ser importante.

La mayoría de las presas eran mercantes costeros menores, tripulados por menos de veinte hombres y  el saqueo típico, por tanto, no era el de las grandes riquezas de las Indias, sino sobre todo el avituallamiento común, junto con unos pocos barriles de mercancías, quizá algo de tabaco, arroz, algodón y cualquier otro elemento útil que pudieran encontrar en un barco, como por ejemplo anclas y velas.

Despertar de un sueño

A partir de 1720, los miles de piratas dispersos por el globo despertaron de su sueño.

Europa había sentado los cimientos del capitalismo global y en ese escenario no había lugar para una minoría delictiva que se había convertido en un parásito de los intercambios comerciales  ultramarinos.

Quienes resultaban ser útiles corsarios en época de guerra, resultaban molestos piratas en los días de paz.

 

Los soberanos comenzaron una fuerte campaña para erradicar la «plaga»

Poderosos buques de la marina patrullaban los mares y al mismo tiempo los barcos piratas tenían vetado el acceso a un mayor número de puertos.

 

Desperdigados y escondidos en sus guaridas los piratas caían presa de las autoridades y terminaban en el cadalso.

 

Las entradas de los principales puertos a ambas orillas del Atlántico comenzaron a llenarse con los cadáveres de los ajusticiados.

 

La macabra escena contenía un mensaje disuasorio que a la larga dio sus frutos.

 

Cualquier tripulación en puerto no podía dejar de ver, colgados en jaulas y meciéndose con la brisa los cadáveres durante meses.

 

A la violencia oficial, los bucaneros respondieron tornándose crueles y sanguinarios convencidos de que, como expresó el mismo Bellamy, «si ellos roban a los pobres bajo el amparo de la ley, nosotros saquearemos a los ricos al amparo de nuestro propio valor».

 

Así se termina la época de los bucaneros con patentes de corso y se inicia el reinado de los piratas «puros», motivados exclusivamente por la adquisición de riquezas propias.

 

Cualquier embarcación en alta mar era un blanco legítimo.

 

La violencia escaló y  los piratas sabían de los riesgos. El célebre pirata Bartholomew Roberts proclamó “una vida feliz aunque corta, ese es mi lema”. Así fue. Roberts murio a los 39 años en combate con la Royal Navy frente a las costas de  Gabón.

 

Finalmente los piratas perdieron la guerra pero alumbraron el mito.

 

Lic. Florencia Cattaneo

Campo Embarcaciones

Bróker Náutico

 

Fuentes: Stuart Robertson; La vida de los piratas; Introducción

Stuart Robertson; La vida de los piratas; Un puñado de gallinas torpes

Web La historia de la pirateria; La vida a bordo de un barco pirata

Web abc.es;Piratas: ¿Quiénes eran en realidad?

J. y F. Gall; El filibusterismo; Prólogo

 
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