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El mar no tiene Rey solo tiene Dios

 

 La Historia está llena de acontecimientos que modifican el curso de lo que parecía inevitable. Sucesos que en un giro inesperado ponen a prueba a sus protagonistas y pueden cambiarlo todo…

Adormecido estaba en aquel mar helado. Sólo y protegido por mi piel de oveja. Sentí que algo me alzaba, pero nada más noté.

Cuando desperté el sol calentaba bien alto en aquel barco pesquero.

Le di gracias a Dios.

Era el 25 de noviembre de 1120. Un día funesto para el reino de Inglaterra.

Nadie más puede contar la historia, solo yo, el pobre Berold, un simple carnicero de Rouen. El mar no tiene rey, solo tiene Dios…

Guillermo, el heredero

En 1120, Enrique I, rey de Inglaterra, era un monarca poderoso, sus dominios se extendían a ambos lados del Canal de la Mancha.

Su único heredero era Guillermo. Enrique tenía al menos una docena de vástagos más, pero tan sólo dos con su esposa Matilde: la primogénita, llamada como su madre, y Guillermo

El rey había trabajado mucho para coronarlo. Con esfuerzo y estrategia había logrado que todos los jefes de Inglaterra se arrodillaran y besaran la mano del príncipe.

Siguiendo con el plan, Rey y Príncipe viajan a Francia y con éxito cada barón en Normandía jura lealtad a Guillermo como futuro gobernante.

En noviembre, la navidad se acercaba y Enrique y su corte se disponen gloriosamente a regresar a Inglaterra.

El White Ship

La flota estaba lista en el puerto normando de Barfleur, la temporada de navegación ya había pasado, pero el viento había cambiado y se mostraba favorable a la partida.

Fue entonces cuando, un joven llamado Tomás FitzStephen, famoso piloto, se acercó al rey y le dijo:

“Señor, mi abuelo guió la nave de Guillermo el conquistador en 1066. Él lo llevó al reino que tu gobiernas hoy”.

“El famoso White ship que está en la bahía es mío y mío será el honor de llevar al hijo de Guillermo el conquistador y a su nieto también”

Enrique ya había hecho los arreglos del viaje, pero sugirió que sería un placer para su heredero, Guillermo, navegar en esa embarcación de última generación. 

El Rey zarpa rumbo a Inglaterra el 24 de noviembre, y pronto dejó esa costa atrás.

¡Que empiece la fiesta!

El Príncipe y toda la corte de caballeros nobles y damas hermosas estaban embarcados y listos para partir en el White Ship.

Entre los pasajeros se encontraban, el medio hermano de Guillermo, Richard y su medio hermana Matilda, dos de los numerosos hijos ilegítimos del rey.

Todo un espectáculo principesco de trescientas almas y yo Berold, el simple carnicero de Rouen.

De pronto y con gran orgullo, el Príncipe de tan solo dieciocho años, desvergonzado y sin ley gritá:

"Trae el vino de abajo; Deja que los marineros se regocijen antes de remar” “Aunque salgamos a medianoche la velocidad de este barco alcanzará al de mi padre”

Los remeros complacidos aceptaron la invitación. Los señores y las damas obedecieron a su voluntad.

Antes de zarpar, el vino fluyó libre y abundantemente entre los pasajeros y la tripulación. Nobles damas y caballeros jubilosos, comenzaron a bailar.

Si bebe no navegue

Muchos pasajeros estaban completamente ebrios y algunos descompuestos, decidieron desembarcar.

Finalmente, a medianoche, las velas fueron puestas, y los cincuenta remeros empujaron con fuerza y poco sintonizados.

El White Ship surcó el agua alejándose del puerto. Pronto aceleró y el príncipe grito:

 "¡Amigos, es hora de cantar! Y bajo las estrellas de invierno los caballeros y las damas entonaron juntos una canción.

Pero no muy lejos de allí, la nave se sacude violentamente.

La quilla en su banda de babor había golpeado contra una roca oculta debajo de la superficie. 

Dos planchas quedan destrozadas y el barco comienza a hundirse a gran velocidad.

Esta roca es un peligro muy conocido. Todos los días se la puede ver con marea baja desde los acantilados de Barfleur.

¡Sólo tú debes salvarte!

En la trágica escena, damas y caballeros caían por la borda en un mar calmado y muy frío. Pocos sabían nadar.

A lo lejos, los barcos del rey escucharon algunos extraños y estridentes gritos pero, les restaron importancia y siguieron camino a Inglaterra.

Stephen estaba al timón, ebrio e indefenso quedó pálido ante el horror.

En medio de la confusión, el guardaespaldas del Guillermo, corto las cuerdas de un bote y empujó al Principe para que saltara.

Algunos amigos que estaban cerca saltaron con él.

El guardaespaldas grito: “¡Rema! el mar está calmo y la noche es clara!”

"¡Qué! ¡Ninguno más se salvará! ¿Sólo yo?”

“¡Rema y vivirás! ¡Sólo tú debes salvarte! Todos aquí deben morir ".

El bote empezó a alejarse. Mareado y confundido el príncipe se dirigía a gran velocidad hacia el puerto.  

Fue entonces cuando escucha y reconoce un grito. Guillermo gira y a través de las olas en medio de la noche reconoce su rostro. Era su medio hermana Matilde

Tu, mi perdición…

Mientras tanto yo, Berold, aferrado a lo que quedaba del mástil recé por mi y temblé de miedo.

Y desde allí vi sus ojos cuando la miraba. Conocía su rostro y la escuchó llorar. El príncipe gritó: "¡Vuelve! ella no debe morir!

En el bote intentan disuadirlo: ¡Está debajo del barco, es poco probable que pueda flotar!

Pero Guillermo se paró en aquel bote oscilante y agarro un remo volviendo hacia Matilda.

Pero antes de que fuera capaz de rescatarla todos aquellos esperaban ayuda vieron el bote y al grito de ¡socorro! Intentaban subirse

Tantos fueron los desesperados que trataban salvarse, que el bote se tumbó como un cubo en un pozo dejando oleaje, sólo oleaje.

Y ese instante fue la perdición del Príncipe que fue y el Rey por venir.

¡A pesar de que todos en Inglaterra se arrodillaban ante él y a pesar de toda la lealtad normanda!

Él era un Príncipe de lujuria y orgullo; No mostró gracia hasta la hora en que murió. Sobre él, los barcos ahora marcan sus surcos.

Dios solo sabe dónde se despertó su alma. Pero lo vi morir por el bien de su hermana.

Nadie más que yo se puede contar el cuento, El carnicero de Rouen, el pobre Berold. El mar no tiene rey solo tiene Dios

Trecientas almas menos una

Y yo estaba en el mar; como en un sueño lejano…

El barco se había ido y la multitud se había ido.

Me iba a los profundo cuando cansado me aferre al mástil. La luna brilló y me estremecí cuando vi que conmigo había otro hombre.

Dijimos nuestros nombres,  "Soy el Godefroy de l'Aigle Hight hijo del noble ".

"Y yo soy Berold, hijo del carnicero”  

“¿El mata a las bestias en la ciudad de Rouen?” “El mismo,señor”

Y luego lloramos a la deriva en el amargo mar de invierno.

Pero entonces, un tercer hombre se levantó sobre las olas, "¡Gracias a Dios! ¡Somos tres!”

Él se aferró al palo con mirada jadeante y lo reconocimos, era el patrón Thomas Fitz-Stephen. Cuando nos vió preguntó: "El principe, ¿qué ha sido de él?" "¡Perdido, está perdido!", Gritamos. 

"¡Ay de mí!" Se soltó de su agarre y se hundió en el mar. Prefirió morir allí antes que, morir bajo la ira de su rey.  

Y alma con alma otra vez quedamos dos. El tiempo se aceleraba y cada estrella inmóvil parecía un ojo que sabía que estábamos muertos.

Hasta que el hijo del noble dijo "¡que Dios te ayude! Ya no puedo más…

"¡Cristo te lleva!" Gemí; y su vida se fue. 

Trescientas almas se perdieron todas menos una… La mañana llegó y como el ala de un ángel me levantó.

¿Dónde está Guillermo?

El rey llegó sano y salvo a Inglaterra, y procedió con sus gestiones, ajeno a lo que había ocurrido.

Cuando fui conducido a la corte en Winchester conté mi historia al Chambelán del rey. El hombre lloró y lloró una y otra vez. 

A nuestro alrededor había grandes hombres que horrorizados se preguntaban:

¿Quién se lo dirá al rey? A Enrique lo habían visto con el corazón dolido.

Durante tres días completos preguntaba:

 “¿Por qué mi hijo aún no llega?” 

Y le respondían: " Seguramente en algún puerto se ha demorado por su placer”

El rey no se convencía y siguió preguntando:

"¿Y aquel grito distante que se escuchó en el horizonte?

Y alguien le respondió: "¡Con tales gritos, señor, los pescadores arrojan sus redes al mar!”

Hasta ese momento habían calmado su terror pero, ¿quién debería hoy decirle lo que todos sabían excepto él? 

El Blanco es el color de la muerte 

Después de mucho reflexionar encontraron la manera. 

Se reunieron todos alrededor del trono y el rey se sentó con el corazón agitado.

Entonces, a través del pasillo entró un niño pequeño con cabello dorado, vestido de negro.  

No se escuchaba nada más que sus pies al caminar. Todos los señores estaban en silencio.

El Rey preguntó,: "¡Alack! ¿Quién me envía a este niño vestido de negro?” "¿Por qué, dulce corazón, caminas por el pasillo como si mi corte fuera un funeral? " 

Al llegar, humildemente el niño se arrodilló en el estrado. Miró al rey y llorando dijo:  

"Estoy de negro, oh rey, porque el blanco es hoy el color de la muerte” "Tu hijo y toda su fraternidad descansan el mar con el Barco Blanco” 

El rey cayó al suelo afligido y tuvo que ser conducido a una habitación para poder llorar en privado. 

En los años que siguieron, el rey Enrique I gobernó tan ocupado como siempre.  Pero vivió atormentado entre pesadillas. Algunos dicen que nunca volvió a sonreir.  

Nadie más que yo, puede contar la historia. El mar no tiene rey sino solo Dios 

Consecuencias de lo inesperado 

El naufragio del White Ship no sólo tuvo consecuencias en la sucesión al trono: muchas familias nobles de Inglaterra y Normandía habían perdido a sus descendientes. El caos hereditario duraría décadas.  

Enrique trataría infructuosamente de engendrar un nuevo heredero contrayendo matrimonio dos años después con una joven condesa.  

Al fracasar en sus intentos, buscará que los barones acepten como heredera a su hija Matilde.  Esto tampoco funcionó.  

Enrique muere en 1135 de una indigestión, y el primero en llegar a Winchester y hacerse coronar no será Matilde, sino Esteban, el sobrino del rey que milagrosamente se salvó de morir ahogado. 

Esteban había desembarcado del White Ship por un súbito ataque de diarrea la noche del 25 de noviembre de 1120.

La guerra civil que asolaría Inglaterra durante veinte años estaba a punto de comenzar. 

El único superviviente, Berold, fue recogido por pescadores a la mañana siguiente. Había abordado el barco para cobrar algunas deudas a los miembros de la corte. 
El hundimiento del White Ship  es parte del prólogo de la novela más popular de Kent Follett
 titulada Los pilares de la Tierra (1989).  

Este suceso es el trasfondo de la historia basada en la posterior Guerra Civil entre Matilda (referida como Maud en la novela) y Esteban.  

En la novela de Follett se deja entrever que el barco pudo haber sido saboteado.

 

Lic. Florencia Cattaneo

Campo Embarcaciones

Bróker Náutico

 

Fuentes:

Dante Gabriel Rossetti; The White Ship; manuscrito 1880

Pag web Tempora Magazine; El hundimiento del White Ship: Enrique I de Inglaterra y la guerra sucesoria

Pag. Web Wikipedia; Barco Blanco

Robert Lacey, "Henry I and the White Ship" a Great Tales from English History (2003).

Carmen Pulín Ferrer; El naufragio del White Ship

Blogspot todo lo que tiene nombre existe; Un Titanic del siglo XII, y 300 asesinatos a bordo

 

 
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