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La Captura Del Rosario

 

El sábado 30 de julio de 1588,  las campanas suenan  a lo largo de la costa de Cornualles. La Gran Armada Española había llegado a Inglaterra y verla de cerca provocaba una profunda impresión.

Se trataba de una flota compuesta por 130 navíos con un desplazamiento total de 58.000 toneladas y un contingente humano, entre marinos, soldados, religiosos, nobles aventureros y criados de unas 30.000 personas. Al mando de Armada estaba el Duque Medina Sidonia.

Esta Gran Armada luego bautizada como invencible fue creada por orden del rey Felipe  II con el objetivo de atravesar el canal de la mancha, embarcar tropas en Flandes y llevarlas para tomar posesión de Londres, Inglaterra.

A fines de julio, luego de algunas vicisitudes, los españoles habían llegado y navegaban por el canal a la altura de Plymouth.

El despliegue era impresionante. No obstante, no todos estaban tan alarmados.  

El  famoso corsario Inglés Sir Francis Drake, convertido ahora en vicealmirante de la Royal Navy, estaba jugando a los bolos cuando recibió la noticia  y con total naturalidad exclamó:

“Todavía tenemos tiempo de acabar la partida. Luego los venceremos”

Mientras tanto en la Gran Armada...

Los oficiales se reunían a bordo del San Martín (la nave capitana) para decidir el siguiente paso.

La discusión se torna acalorada.  Muchos recomiendan atacar Plymouth para conseguir un puerto seguro y dar el primer golpe a los ingleses.

Pero por el contrario, el Almirante español, Duque de Medina Sidonia, considera que debe centrarse en las ordenes del rey y seguir la estrategia original de ir al encuentro de las tropas españolas en Flandes.

Sin más, La Armada adopta la formación de media luna y empieza a remontar en perfecto orden el Canal de La Mancha.

Era sobrecogedor. Los ingleses jamás habían imaginado que su enemigo pudiera haber reunido semejante fuerza.

El encuentro con el enemigo

El día 31 amanece cubierto por la bruma y la llovizna frente a las costas de Devon y los españoles pronto pueden ver cómo los barcos ingleses les rodean en varias direcciones.

Howard, Hawkins y Drake comandaban los tres grupos de naves inglesas que, hacia las 9 de la mañana, lanzan un ataque contra la flota española.

Es el primer contacto, y las dos escuadras se cañonean desde larga distancia en una serie de escarceos.

Las tripulaciones trabajan duro  y cada  hombre siente ese miedo tan característico de la guerra en el mar, sin lugar donde escapar.

Medina Sidonia se muestra sorprendido por las tácticas y la agilidad de los navíos ingleses, mientras que éstos pueden comprobar el excelente orden de combate de la flota hispánica.

Tras varias horas de combate, el sonido de los cañones cesa por aquel día y los barcos se reagrupan.

El infortunio de Nuestra señora del Rosario

A consecuencia de las maniobras en batalla, El buque insignia de la escuadra andaluza, Nuestra Señora del Rosario, comandada por Don Pedro de Valdéz, choca con la también española Santa Catalina y rompe  su bauprés.

Para peor, mientras intentan socorrerla, el viento refresca y el trinquete cae rompiendo el palo mayor.

A Nuestra Señora del Rosario no le quedó más vela que la mesana y  comenzó a retrasarse cuando anochecía.

La situación se complicaba. El Rosario era uno de los buques más poderosos de la flota. Llevaba quinientas personas y transportaba 50.000 ducados, además de gran cantidad de pólvora -114 quintales- y 2300 proyectiles pesados.

Se convertiría en una presa importante si los ingleses lograban tomarla.

Tratando de evitarlo, intentaron salvarla.

El San Martín fue el primero que acudió en su ayuda.  

Luego, la Capitana consiguió darle remolque, pero era inútil,  la mar aumentaba y los enormes pantocazos de ambos buques terminaron por partir el cabo.

Abandonado a su suerte

¿Que hacer entonces?  Medina Sidonia debía actuar con rapidez y aceptó el consejo de Diego Flores de Valdés. Pariente del comandante Valdes a cargo del infortunado galeón.

Este le dijo, que si la armada se detenía en espera del Rosario, quedarían los buques facheando a sotavento del enemigo, y sin facultad de gobierno.

Con el enemigo tan cerca no debía arriesgarse toda la Armada por un buque, aunque fuera de los más importantes.

Hay que decir que, ni Medina Sedonia, ni Diego Flores de Valdés, estaban en buenas relaciones con  Don Pedro de Valdés después que éste quiso imponerse en el Consejo de los generales por sobre Medina Sedonia.

Tal vez esto haya influenciado en la decisión del  comandante español de continuar navegando y abandonar  al Rosario.

No obstante antes de hacerlo, Medina Sidonia le envió dos pinazas a Don Pedro de Valdés y le pidió que enviase en ellas los 50.000 ducados que llevaba.

A lo que Valdés respondió: - “Adonde se aventure mi vida y la tantos caballeros e hidalgos como en mi nave van, bien se pueden aventurar estos dineros”.

Aquel hombre duro, se había tornado intratable y Medina Sidonia decidió definitivamente dejar  a Nuestra Señora del Rosario a su suerte.

Lo hizo por la seguridad del conjunto, y confiando que Don Pedro lucharía hasta la última gota de su sangre y que  hundiría su buque antes que los ingleses pudieran capturar su enorme tesoro.  

Si la decisión fue acertada o no, ha sido objeto de largos debates.

Genio y Figura

Mientras tanto, la flota inglesa decide mantenerse a barlovento evitando entrar en combate hasta no tener bien claras las intenciones de los españoles.

Se hace de noche y el almirante Lord Howard designa al vicealmirante Francis Drake, a bordo del Revenge, como guía de la flota.

Le ordena perseguir a los barcos españoles para no perderles pisada y mantener  encendida una luz en la popa para que el resto de los navíos ingleses pudieran seguirlo.

Drake lo hace por un par de horas pero, de un momento a otro,  en medio de la noche la luz de su buque desaparece...

Presa fácil 

En tanto, Nuestra señora del Rosario había quedado sola, a merced del viento y el mar,  en medio de la noche.

Cuando Don Pedro de Valdés, oyó los cañonazos supo de inmediato que los ingleses venían por el galeón.

Sin duda, era Drake, que impulsado por su espíritu pirata,  apagó las luces de su navío y emprendió la caza del buque español, abandonando la crucial misión de perseguir a la flota hispana. 

El corsario estaba en júbilo y mientras se acercaba a su presa, festejaba riendo ante la visión de la enorme  “caja fuerte que llevaba su fortuna”.

Todo fue muy fácil. No tuvo más que atravesarse frente al Rosario y dejar  que su reputación hiciera su magia ante el comandante español

Tan atemorizado estaba Don Pedro,  que en vez de buscar  muerte honrosa y combatir contra el adversario, consideró más apropiado rendirse sin combatir, aún cuando su buque estaba más poderosamente armado que el Revenge y a pesar de tener a bordo más de 300 soldados de pica y mosqueteros de la elite española.

Drake abordó al Rosario, saqueó cámaras y equipajes y repartió el dinero entre su gente.

Trató a  Don Pedro con  todos los honores de guerra. Después de todo no le costaba nada ser cortés ante un oponente tan débil y lo honró invitándolo a cenar en su camarote.

Se trataba de una excelente presa y a ninguna costa conseguida.

Mas perdidos que…

Cuando la luz de Drake súbitamente desapareció la flota inglesa quedó sumida en una gran confusión.

Algunos de los buques ingleses achicaron sus paños y quedaron muy lejos atrás.

Mientras que  Howard en el Ark Royal, Lord Edmund Sheffield en el White Bear y Edmund Fenton el el Mary Rose, confundieron la luces de los buques españoles con las señas de Drake y sin quererlo se encontraron  casi en el interior del arco de la formación de la Armada Española.

Hugo de Moncada, que comandaba las galeazas españolas, se preparó para perseguirlos, aunque por razones desconocidas, Medina Sidonia las hizo regresar.

Los ingleses estuvieron muy cerca de sufrir la pérdida de tres grandes buques por culpa de Drake.

El éxito y la avaricia

Drake estaba muy satisfecho consigo mismo. La fortuna del Rey era transportada a tierra y no tenía intención de compartirla con sus camaradas.

La nave apresada fue enviada a Plymouth, con todos sus prisioneros  para luego ser lleva a Londres  para exponerla como trofeo. Sus banderas, que no habían podido combatir, se colocaron en los muros de  la catedral de San Pablo.  Los ingleses se animaron al ver desamparado a tan buen navío.

Drake luego de la captura del buque, obtuvo muchos beneficios, pero también fue duramente criticado por su acción pirata en tan delicados momentos de la defensa de Inglaterra.

Además,  Algunos comandantes,  acusaron al vicealmirante de tratar de “defraudarlos en su participación en 15.000 ducados”. Martín Frobisher amenazó a Drake con que “le desangraría su estómago” a menos que le pagara.

Lord Howard intervino y logro apaciguar los ánimos y reconciliar a Drake con Frobisher restaurando  el orden entre los comandantes ingleses.

¿Cómo terminó?

Más allá de la captura del Rosario, la historia cuenta que por infortunios climáticos, desaciertos de los españoles y algunos aciertos ingleses la gran Armada fracasó en su expedición y en el objetivo de invadir Inglaterra.

La fama de Drake nunca fue tan grande como después de la derrota de los  españoles.

Don Pedro de Valdés pasó dieciocho meses  en Londres,  en lujosa prisión como huésped de Drake. Luego tras pagar el rescate acordado regresó a España.

En su patria fue llevado a juicio. El comandante español se defendió justificando su rendición diciendo que Drake: “Poseía tan grande valor y suerte que parecía que Marte y Neptuno lo defendían”

Valdés no fue castigado por su conducta, la vergüenza que hizo sufrir a España luego de la captura del galeón no fueron impedimento para obtener nuevos cargos.

Sus hombres en cambio, no tuvieron tanta suerte y se convirtieron en virtuales esclavos de los nobles de Dorset y Devon.

Lord Howard fue criticado en Inglaterra pese a ser el vencedor y haber hecho imposible la invasión.

La opinión pública lo acusó de  ser demasiado cauto en su modo de atacar, buscando con frecuencia el alcance máximo de la propia artillería, siendo así ésta poco contundente y poco precisa en sus tiros.

En verdad, se habían hundido muy pocos buques enemigos, pero no es menos cierto que Howard había conseguido sus objetivos con pocas bajas de hombres y buques.  

Atacó desde barlovento en acciones de desgaste, impidiendo que la Armada pudiera apoderarse de algún fondeadero.

Según fue pasando el tiempo se fue reconociendo que la victoria había sido de Howard y no de Drake, al que se atribuían los éxitos conseguidos.

Se fue reconociendo el mérito de Howard, como conductor de las operaciones navales, activo, prudente y valeroso.

 

Lic. Florencia Cattaneo

Bróker Náutico

Campo Embarcaciones

 

Fuentes:

Geoffrey  Regan; El libro Guinness de los Desatinos Navales; La captura del Rosario

 Web cornisa.net; Historia Olvidada; Vive la historia; La Gran Armada; Primer contacto

Carlos Martínez-Valverde; La armada invencible; Consideraciones sobre la jornada de Inglaterra, 1588

Web publiconsulting;  Tomo IV;  Capítulo  L; Primeros contratiempos de la Armada Invencible.

Web celtiberia.net; Biblioteca; Alevin; La Armada Invencible

 
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