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Optimistas

 

 Optimistas

La clase Optimist está considerada el semillero de los navegantes.

Su objetivo principal es promover y fomentar la navegación infantil.

En optimist navegan más de 450.000 niños en todo el mundo de entre 8 y 15 años.

Mas de 100 países están representados en la International Optimist Dinghy Association.

Este barco nació en Clearwater (Florida) en agosto de 1947. En aquella zona había nacido unos años antes el snipe. El snipe era el barco en el que todos los niños aspiraban a navegar como tripulantes.

El Mayor Clifford A. McKay, recién llegado a casa luego de la segunda guerra mundial, observó como su hijo de 12 años y unos amigos hacían carreras por las calles usando una caja de madera y velas impulsadas por el viento.

Clifford le pidió al diseñador de barcos local, Clark Mills, que intentase convertir aquello en un barco lo más barato posible.

Mills diseñó el Optimist y Clifford McKay y su hijo fueron los primeros navegantes de optimist de la historia.

Al poco tiempo, la flota del Club de Yates de Clearwater pasó a tener 28 unidades.

Tras expandirse por Florida, fue tomado y difundido por Dinamarca.

En 1995, la clase fue aceptada por la Federación internacional de vela.

A los largo de estos últimos  20 años fue mejorando y tecnificándose sin perder sus características originales.

 

Raro, pero el mejor...

El optimist parece un bañera que navega con una vela improvisada. Sin embargo, su particular forma y su reducido tamaño hacen de él un barco idoneo para los navegantes más jóvenes.

Su estructura rectangular resulta muy poco hidrodinámica. Tiene una gran orza combinada con una superficie velica pequeña. Esto lo convierte en un barco muy seguro y estable.

Además, tiene en su interior tres flotadores que aseguran al navegante recuperar la estabilizar en caso de tumbarse.

Todo esto hace que este pequeño y extraño velero pueda ser navegado con vientos de hasta 20 nudos

Ventajas de navegar en optimist

Prácticar vela a edades muy tempranas no sólo puede ser divertido sino que además potencia habilidades y desarrolla muchos aspectos positivos de la personalidad de niño.

Un jovén optimista describe la actividad y dice:

“Es una forma de vida en el mar, a bordo de mi barco yo tomo las decisiones y soy responsable por las maniobras.

Aquí adentro es mi propio mundo, además, el viento golpeando en la cara y sentir la sensación de deslizarse por el mar es la libertad total, y en medio de eso hay que razonar rápidamente y reaccionar.”

Podríamos resumir las ventajas de esta actividad diciendo que  navegar en optimist:

A nivel psicomotor:  Incide en la ligereza, velocidad y ritmo de los movimientos. Aumenta la coordinación de gestos y la capacidad de reacción.

A nivel cognitivo:  Desarrolla la capacidad de atención, observación, anticipación, analisis causal, procesamiento de estrategias y planificación, especialmente a partir de los 12 años, ya que antes de esa edad el carácter intuitivo predomina en el niño.

Aporta conocimientos sobre el clima: corrientes de agua, tormentas, tipos de vientos, seguridad en el agua y cómo evitar colisiones y accidentes.

Contribuye  a la conciencia espacial: Sentido de la dirección (En qué dirección vinieron, cómo regresar al puerto) Sentido de la posición (Cómo navegar por espacios estrechos, cómo acercarse al muelle con cuidado)

A nivel del carácter:  Potencia la autoestima, Refuerza el autocontrol emocional elevando el nivel de resistencia y tolerancia a la frustración, ya que convierte la agresividad en combatividad ante las dificultades.

Genera atracción por el riesgo pero a la vez, potencia el conocimiento de los propios límites , el respeto al adversario y el medio.

Cuando se navega en equipo aporta valores de solidaridad.

También, fomenta la capacidad de autocrítica, el afán de superación, la asertividad y la adquisición de hábitos de organización, seguridad y prevención (hay quiénes afirman que el orden se inventó en un barco)

Además, la vela es uno de los pocos deportes en los que los chicos y chicas compiten en igualdad de condiciones.

Nada es gratis en esta vida.

Estás múltiples y muy importantes ventajas están estrechamente relacionadas con los desafíos y exigencias que el niño deberá afrontar y superar durante el aprendizaje de la actividad.

El agua es un medio cambiante y desconocido y para navegar deberá aprender y diferenciar muchos indicadores que interactuan entre sí.

Tiene que distinguir  , movimientos, giros y posiciones relativas, ángulos, rumbos y sonidos de la embarcación y otros muchos elementos.

Esto conlleva a una sobrecarga perceptiva y buena parte del aprendizaje consiste en saber diferenciar lo que es y no es relevante.

La práctica de la vela comienza a partir de los 8 años y a esa edad en el niño aún están en desarrollo muchas de sus estructuras cognitivas y de personalidad.

Aquí van algunos de los desafíos que la vela le representa.

Veo, luego existo ...

A esta edad,  la vista es la principal fuente de información  y apoyarse en ella lo llevará, por ejemplo, a percibir visualmente la escora sin poder asociarla aún a los sonidos y sensaciones previas que anticipan la inclinación.

Esta falta de anticipación genera ansiedad ante el desequilibrio y sensación de falta de dominio de la embarcación.  Sobre todo ante las viradas.

Ay que me caigo...

Cuando el niño logra anticipar al desequilibrio optimiza el proceso de adquisición de otras habilidades náuticas.

El manejo del optimist  está muy condicionado por el control del equilibrio y  su pérdida constituye una fuente de perturbación emocional importante afectando  la conducta del navegante en tres niveles.

Afectivo: provocando miedo e inseguridad.

Motor: desorganizando los movimentos en busca de un restablecimiento del propio equilibrio.

Psíquico: Se suspende la actividad psíquica con un efecto de “borrado” de memorias que se traducen en frases del tipo como “qué sucedió”, “ni sé lo que hice”... mientras se nada hacia el barco tras una tumbada.

Muchas maniobras suponen cambios bruscos de escora que el navegante infantil debe aprender a anticipar.

En estas situaciones, la ansiedad y el deseo de restablecer el propio equilibrio hace que apoyarse  con las manos se anteponga a cualquier otra acción y reflexión, abandonando el control del barco.

Para superar esta situación diversos autores han propuesto provocar escoras máximas con la finalidad de que el navegante reconozca el intervalo de estabilidad-seguridad de la embarcación.

No puedo con todo...

Los niños tienen dificultades para modular su fuerza. Navegando se les complica cuando deben  cazar con suavidad o efectuar pequeñas correcciones de rumbo con la caña.

En general los movimientos tienden a ser rápidos y prueban el efecto del timón con movimientos exagerados.

 En muchas viradas o cambios de banda, la acción de cazar la escota, orzar, etc, son más bruscas de lo que se necesita.

También les cuesta efectuar dos acciones distintas simultáneamente y desde el primer momento deben manejar escota y timón como dos mandos diferentes, pero cuyos efectos interactúan.

En esta situación, la tendencia será transferir movimientos, de modo que al cazar la escota con una mano también se ejercerá una fuerza con la otra sobre la caña.

Y además, cómo la vista dirige la mayoría de las acciones, al cazar el patrón mira su mano o la escota, pero no el efecto producido sobre la vela.

De igual modo en la virada mira su mano o la caña, pero no el giro que se va produciendo o el paso de la botavara de banda a banda.

Desde otro lado...

En todas estas situaciones, el navegante tiende a orientar su cuerpo hacia el sentido del avance tal cual le es familiar en un automóvil o bicicleta, pero la forma de manejar una embarcación de vela ligera establece que el patrón vaya sentado en una banda orientado perpedicularmente a la línea de crujía proa-popa, es decir, mirando hacia la banda contraria de la embarcación.

En sus primeras salidas el jovén patrón debe adaptarse a esta postura.

¿De donde viene el viento?

 Y si a todo esto le añadimos las sensaciones producidas por el viento aparente, las dificultades que que surgen en comprensión y orientación son más que entendibles.

El niño  percibe el viento en su forma aparente y lo  confunde con el viento real. Esto lo lleva a responder maniobrando erroneamente ya que el viento no se ajusta  a la realidad ni en intensidad, ni en dirección.

Por ende, muchos navegantes consideran que el viento aumenta en intensidad en ceñida mientras que en popa creen que está disminuyendo o desapareciendo.

 

Esto afectará a la comprensión de las causas y podrá  frenar la adquisición global de sus habilidades.

No sé como es esto...

Y si de comprensión hablamos, durante la navegación se producen muchas situaciones que pueden alterarla. Viradas falladas, contraescoras, barco que no obedece, etc

 Todo esto complica mucho al navegante, los movimientos ritmicos sobre la caña o el cazado son muestras de acciones en busca de retroalimentación que aporte información segura al patrón.

Existe un falso principio de a más acción, mayor reacción que no se corresponde con la realidad, y que llevará antes o después a dudar del control de la embarcación.

Un mayor ángulo de timón no asegura un giro equivalente, cazar más la vela, no asegura mayor velocidad, etc.

A esto hay que añadir el efecto inverso de la caña, puesto que el barco gira al revés de donde ésta señala.

A modo de conclusión

El optimist aporta mucho en la educación y formación de los chicos pero también les pide mucho.

Estos problemas son parte del aprendizaje. Hay que respetar los tiempos y ser pacientes.

Dominar la embarcación necesita de un proceso de adaptación que vaya generando seguridad y confianza.

 

 

 

Lic. Florencia Cattaneo

Campo Embarcaciones

Bróker Náutico

 

Fuentes: Jordi Renom Pinsach/ Josep Anton Violán Corominas; Entrenamiento psicológico en vela

Eduardo Char M; Optimist;Un barco Escuela

Pagina web: Worldkids.es; Beneficios de la práctica de la vela en los niños

Wikipedia; Optimist

 

 
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