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El Principe de Asturias

 

Era demasiado tarde....

A las 04.15 horas del  5 de marzo de 1916 , el “Príncipe de Asturias” colisiona contra el arrecife de Punta Pirabura a una milla y media de Punta do Boi, Brasil.

Tras  el golpe, el trasatlántico, de 16.500 toneladas, saltó fuera del agua y al caer, su fondo golpea contra la piedra abriendo el  buque  proa a popa.

Segundos después, la proa se sumerge,  la popa se levanta y las hélices quedan girando fuera del agua.

El efecto del choque es brutal. El agua entra masivamente.

Las últimas palabras del capitán Lotina son : «Todo está perdido... ¡Dios mío! ¡Pobre gente!».

Un segundo después una ola gigantesca se estrella contra el puente de mando.  Dentro queda atrapado el capitán.

A todo lujo

El Transatlántico “Príncipe de Asturias”, fue botado el 16 de agosto de 1914, al mando del Capitán José Lotina de 44 años de edad.

Orgullo de la Marina Mercante Española, medía 160 metros de eslora y 20 de manga.

Podía  transportar 150 pasajeros de primera clase, 120 de segunda, 120 de tercera y 1.500 emigrantes.

En la cubierta superior se encontraba el sector de primera clase. Los lujos a bordo eran prácticamente infinitos.

El comedor había sido realizado con maderas de roble japonés y marcos de nogal coronado con  una cúpula elíptica decorada con lujosos cristales.

El salón de música contaba con tapicerías de seda, ribetes en oro y muebles de caoba.  A su lado,  se encontraba el salón de escritura y la biblioteca.

Todos los alojamientos estaban hermosamente decorados y dispuestos de manera que tuvieran portillos, con buena ventilación y luz directa para que los viajeros gozaran de una grandiosa vista del océano.

El último viaje

El 17 de febrero de 1916, (100 años atrás exactos ) en horas de la tarde, tras haber realizado cinco viajes de ida y vuelta entre Barcelona y Buenos Aires, El Príncipe de Asturias, es despedido desde el muelle por una multitud de familiares y curiosos.

Llevaba en sus bodegas 5000 toneladas en lingotes de estaño, plomo, hierro y cobre.  

También, un insólito cargamento:  20 estatuas de bronce de  más de 800 kilos cada una.

Estas estatuas eran una donación de la colonia española en Argentina para la Ciudad de Buenos Aires. Ellas formarían parte de un gran monumento que recibiría el nombre de La Carta Magna y las Cuatro Regiones Argentinas en conmemoración del centenario de la Independencia.

El 18 de febrero,  el buque hace escala en Valencia, el 21 en Cádiz y el 23 en Las Palmas.  De este último puerto zarpa rumbo a Santos, Brasil, para luego hacer escala en Montevideo  y  llegar a su destino final, Buenos Aires.

Se trata, afortunadamente, de un viaje con muy poco pasaje.  Tan sólo 588 personas, 193 tripulantes y 395 pasajeros según la siguiente distribución: 49 pasajeros de primera clase, 28 de segunda, 59 de tercera  y 259 emigrantes.

El Príncipe de Asturias  cruza el Atlántico a casi 18 nudos de velocidad sin novedad y  con una absoluta placidez.

 

 

Esto no se ve bien...

El sábado 4 de marzo el clima se presenta nuboso y con marejada del Suroeste.

El capitán Lotina quería  llegar a Santos a última hora, pero la nubosidad impedía determinar la posición con el sextante y las olas disminuían la velocidad del vapor.

El “Principe de Asturias”  debía, forzosamente, navegar por estima.

A media tarde comienzan a caer intensos chubascos que dificultan la visibilidad.  Són esporádicos por lo cual se decide mantener  la velocidad.

A las 24.00 horas,  el estado del mar  empeora y grandes rayos en la lejanía iluminan el horizonte.

El 5 de marzo a las 3 de la madrugada, la tormenta alcanza al Príncipe de Asturias.

Lotina se viste y  abandona su camarote dirigiéndose al puente de mando. El Capitán había estado recostado en su cama sin poder conciliar el sueño. Le preocupaba el retraso que llevaban.

Era uno de los capitanes más puntuales y metódicos de toda la línea de América del Sur.  Se lo admiraba por la precisión de sus maniobras de atraque y la puntualidad con la que siempre arrivaba y zarpaba.

Por otro lado, le preocupaba sobremanera la recalada en Santos. Llevaban mas de un día navegando por estima, sin poder corregir la posición.

En la zona, las corrientes eran muy fuertes, los desvíos de la aguja, frecuentes, y la aproximación a la costa brasileña, muy peligrosa.

Debían dejar la isla de San Sebastián con su peligrosísima Punta do Boi, por su través de estribor.

Y,  en el caso de que la corriente los hubiera desviado de su rumbo hacia el Oeste, corrían el riesgo de embarrancar en la isla de San Sebastián.

En el exterior, los chubascos eran más intensos y la visibilidad se reducía cada vez más. En estas condiciones se hacía  casi imposible ver la débil luz del faro de la isla de San Sebastián.

A las 3.20 horas  , preocupado, Lotina sale al alerón de estribor y escudriña en  la oscuridad en busqueda desesperada de la luz del faro. Un relámpago ilumina el horizonte durante unos segundos pero, no llega a ver nada...

Cinco minutos después ordena «Avante media».

En la sala de máquinas cierran  las llaves de vapor y la velocidad del trasatlántico disminuye de  16 nudos a  10.

A las 4.00 de la madrugada el capitán se muestra preocupado e irritable.

La última situación de estima los sitúa a  ocho millas al noreste de Punta do Boi. La luz del faro tendría que verse  a unos 45 grados por la banda de estribor.

A las 4.02, los corredores del “Príncipe de Asturias” están desiertos. Los pasajeros duermen.

Lotina, ya muy preocupado, intenta separar de tierra la derrota del buque  y ordena un cambio de rumbo de cinco grados a babor. Unos minutos después, ordena que se caigan otros cinco grados más.  

A las 4.15,  la escena es máxima tensión. El capitán y los dos oficiales en el puente miran incesantemente a estribor buscando la luz del faro...

Todo está perdido...

De repente, por el rabillo del ojo ven un destello de luz a proa. Luego,  un segundo destello, les hace comprender la terrible realidad: El faro está a menos de una milla. Van directos contra los arrecifes a una velocidad de 10 nudos.

Perplejo, el capitán Lotina pregunta a Onzain: -¿Es tierra?

-sí, señor -responde el segundo oficial, horrorizado.

Lotina da ordenes de palancas todo atrás  mientras grita al timonel «Todo a babor».

Demasiado tarde. En la sala de máquinas ya no hay tiempo...

A las 04.15 de la madrugada el “Príncipe de Asturias” colisiona contra el arrecife.

Las enormes calderas cilíndricas se desprenden aplastando a los fogoneros. El agua que entra a raudales.

En el puente, el capitán ordena que se arríen los botes salvavidas y que se envíe un SOS.

Un minuto después de la colisión, las calderas explotan y el barco queda a oscuras. Es imposible enviar la llamada de socorro.

Los pasajeros quedan en situación indescriptible. Segunda económica ha quedado destruida por la explosión de las calderas y el agua hirviendo circula por todo el sector.

Los más afortunados son los que tienen alojamiento en la popa aunque, en esta cubierta se suceden varias escenas terribles.

Un joven camarero, es atacado a cuchilladas por un pasajero que intenta arrebatarle el chaleco salvavidas.

Un hombre que consigue alcanzar la cubierta del buque con su mujer y sus tres hijos. Se dispone a hacerlos bajar por un cabo al agua cuando son barridos de la cubierta por una ola.

No hay tiempo de arriar ni un solo bote salvavidas, 4.20 hs, cinco minutos desde la colisión, la proa choca contra el fondo del mar y la popa asoma en la superficie en un ángulo de 70 grados. El barco se queda así unos segundos. Se produce  gran explosión y se hunde completamente.

En la oscuridad, los náufragos confusos y aturdidos flotan en torno al vapor.

Todo ha durado cinco larguísimos minutos. Dentro del casco han quedado atrapados unos cuatrocientos pasajeros y tripulantes. Otros doscientos luchan desesperadamente por su vida en el lugar del naufragio.

Una jóven pasajera de segunda clase, consigue agarrarse a un trozo de bote e impulsándose con las piernas se aproxima a la luz del faro. Durante el camino rescata a otros cuatro pasajeros. Consiguen llegar a la costa y se refugian en lo alto de una roca.

Otros pasajeros son arrojados por el oleaje contra  las piedras y quedan flotando, muertos en el mar ,como muñecos de trapo.

El segundo oficial Rufino Onzain consigue alcanzar un bote salvavidas que había caído durante el naufragio. A bordo se encontraban ya 17 náufragos

Onzain toma el mando y durante varias horas busca sobrevivientes

 

El rescate

A mediodía de aquel funesto 5 de marzo, el capitán Augusto Poli, del carguero Francés “Vega” que procedía de Marsella hacia Brasil no podía creer lo que la superficie del mar ofrecía.

Por doquier se veían fardos de mercancía, trozos de madera, muebles, enseres y cadáveres flotando.  

Poli ordena reducir la marcha . Pocos minutos después, aparece el bote salvavidas de Rufino Onzain haciendo señales desesperadamente.

De inmediato el “Vega” trasborda  los náufragos, arría sus botes y comienzan a buscar más sobrevivientes.

Pocos pudieron ser rescatados.  El  “vega” continua viaje hacia el puerto de Santos.

Enterado del desastre, El Gobierno brasileño, rastrea la zona por varios días a pesar del mal tiempo y con pocas expectativas.

Después de la tragedia...

El hundimiento del “principe de Asturias” dejó un total de 445 muertos.

Sólo 143 sobrevivieron de las 588 personas que viajaban a bordo.

De los 57 pasajeros salvados, seis eran mujeres y tres niños. Varias familias perecieron por completo.  

Los días posteriores al naufragio,  la policía detuvo a varios «piratas» que se dedicaban a saquear los cadáveres de los náufragos que el mar arrojaba a las costas.

Multitud de actos fúnebres, misas y recordatorios se realizaron en España, Argentina y Uruguay.

Restos del naufragio

Los restos del “Príncipe de Asturias” quedaron olvidados  frente a Ponta do Boi  a 45 metros de  profundidad.

Después de la segunda guerra mundial, alguién descubrió entre viejos papeles de una compañía de seguros, que el buque  contenía una caja fuerte donde  viajaban las  joyas de los pasajeros de primera.

Seguramente, el “Príncipe de Asturias” transportaba  algo más que cobre, plomo y algunas estatuas de bronce.

Con la excusa de la extracción de estos metales, se realizaron en los años cincuenta y sesenta algunas operaciones de remoción de restos.

Se volaron algunas partes del casco, pero al parecer las operaciones fueron infructuosas.

En 1992 un grupo de publicistas brasileños quiso recuperar las 20 estatuas del monumento argentino. Nuevas voladuras en el casco y más chatarra removida.

Lo único que consiguieron encontrar fue una de las estatuas, partida en varios trozos y que hoy en día se expone en el Museo Naval de Río de Janeiro.

 

Lic. Florencia Cattaneo

Campo Embarcaciones

Bróker Náutico

 

Fuentes:

José Carlos Silvares y Luiz Felipe Heide Aranha Moura, Principe de Asturias. Misterio en las Profundidades

Web Histamar; El fin del Príncipe de Asturias

Fernando José Garcia Echegoyen, pagina webhttp://naufragios.net

Wikipedia; Vapor Príncipe de Asturias

Francisco García Novell; El naufragio del vapor Príncipe de Asturias en 1916.

 
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